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Leyendas cortas La venganza de la serpiente


Durante mi infancia tuve la suerte de vivir en una zona rural. Allí la gente de edad avanzada se reunía en la plaza para platicarnos leyendas cortas a los más jóvenes.

Se dice que un día un pordiosero llegó hasta el frente de una gran hacienda. Después, lanzando un grito de desesperación, le pidió a uno de los peones que le regalara un mendrugo de pan, pues no había podido comer nada en varios días.

El trabajador en vez de socorrerlo, se burló a carcajadas de él y le dijo:

- Es el colmo, en estos días la gente ya no quiere ganarse el pan trabajando. Prefiere estirar la mano y así continuar con su vida de ocio. Si quieres, pídele trabajo a mi patrón, aquí nunca sobran un par de manos dispuestas a labrar el campo.

El limosnero bajó la mirada y murmuró:

- Yo sólo te pedí un poco de alimento. Espero que el día en que necesites ayuda, tus amigos estén ahí para brindarte su apoyo.

Luego de pronunciar esa oración, el pordiosero siguió su camino rumbo al norte.

Pasaron varios meses, hasta que un día una serpiente apareció en medio del campo. La culebra se arrastró por el piso hasta que llegó junto al peón. Los compañeros de éste, vieron la escena y se echaron a correr, pues notaron que el reptil era de una especie muy venenosa.

- ¡Auxilio, ayúdenme! Pidió el labrador en repetidas ocasiones. Sin embargo, a nadie le importó que estuviera a punto de morir.

La serpiente se le enredó en los pies y lo tiró. Cuando ambos estuvieron en el piso, la culebra se le acercó a la cara y le comentó:

- ¿Me recuerdas? Hace un tiempo te pedí que me regalaras comida, pues de lo contrario iba a morir. Te reíste y me dijiste que mejor buscara un trabajo. Yo soy la muerte y mi labor es desterrar de este mundo a almas negras como la tuya.

Acto seguido, la víbora hundió sus colmillos y el corazón de aquel hombre dejó de latir.