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Mitos de miedo El asilo de las Hermanas Franciscanas

Mitos de miedo El asilo de las Hermanas Franciscanas

Jorge era un adulto mayor que padecía de algunas dolencias precisamente por su avanzada edad. Para no dar molestias a sus familiares (más que nada a su hija menor) se puso a buscar en el periódico varias casas de retiro.

Halló una que estaba muy cerca de su casa, pero cuando fue allá a pedir informes se dio cuenta que su capital no iba a ser suficiente ni siquiera para poder pagar un año de estadía en el sitio.

Continuó su búsqueda hasta que dio con el asilo de las "Hermanas Franciscanas". Don Jorge se imaginó que aquello seguramente continuaba siendo un convento y que las monjas eran las que atendían el lugar.

Llamó por teléfono y fue a visitarlos. Quedó asombrado al ver que aquello era una casa de retiro bastante grande, aunque muy sucia y descuidada. Sin embargo, lo que lo animó a quedarse ahí fue la reducida cuota que debía pagar.

Antes de recluirse en aquel lugar, el anciano habló con sus hijos y la única que se opuso fue de nuevo la más joven.

- Papá, no te vayas a quedar en ese asilo. He escuchado que en esos lugares explotan a los ancianos o simplemente los dejan en el olvido hasta que mueren.

- Esos querida hijita son mitos de miedo, dudo mucho que allí me ocurriera algo semejante. Confió en ellos plenamente. De cualquier manera, siempre podrás llamarme a mi celular o directamente al hospicio.

No bien habían pasado unos 20 días, la hija de don Jorge se quedó helada frente al televisor al ver que en el noticiero nocturno salió un reportero informando que el asilo de las "Hermanas Franciscanas" había sido clausurado debido a que dentro del inmueble solamente había cadáveres.

Días después, se descubrió que el nombre y la razón social de esa casa de retiro sólo era una fachada, ya que los internos se dedicaban a hacer experimentos con los ancianos, convirtiéndolos en conejillos de indias.